El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Y cuando sumergido
en el cieno profundo busqué en vano
a quién volver mis ojos
entumecidos de llorar, e hinchados,
extendiste en mi ayuda
tu generosa y compasiva mano,
que libre del peligro
al puerto me condujo ileso y salvo.
Tú, Señor, desde entonces
con impulso robusto has guiado
por el camino recto
mis vacilantes y extraviados pasos.
Mis vicios me avergüenzan;
mis delitos detesto: con mi llanto
haz, mi Dios, que se borren
los asientos del libro de los cargos.
Y en esta crítica hora
no te acuerdes, Señor, de mis pecados,
a los que me arrastraba
la inexperiencia de mis pocos años.
Recuerda solamente
que, aunque perverso, pecador, ingrato,
soy tu hijo, soy tu hechura,
soy obra, en fin, de tus divinas manos.
Si te ofendí yo mucho,
mucho me pesa, y mucho más te amo,
como a padre ofendido