El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Asà lo hice. Llegamos a las ocho de la noche a la casita, que era un cuarto de casa de atoleras por allá por el barrio de Necatitlán, muy indecente, sucio y hediondo. Allà no habÃa sino un braserito de barro que llaman anafe, cuatro o seis petates enrollados y arrimados a la pared, un escaño o banco de palo, una estampa de no sé qué santo en una de las paredes con una repisa de tejamanil, dos o tres cajetes con orines, un banquito de zapatero, muchas muletas en un rincón, algunos tompeates y porción de ollitas por otro, una tabla con parches, aceites y ungüentos y otras iguales baratijas.
De que yo fui mirando la casa y el fatal ajuar de ella, comencé a desconfiar de la seguridad del proyecto que acababa de indicar el traposo, y él, conjeturando mi desconfianza por la mala cara que estaba poniendo, me dijo:
-Señor Perico, yo sé lo que le vendo. Esta vivienda tan ruin, estos petates y muebles que ve, no son tan despreciables e inservibles como a usted le parecen. Todo esto ayuda para el proyecto, porque...