El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Yo he viajado por algunas provincias de la Europa y en todas he observado este proceder no sólo en los grandes superiores, sino en cualquier rico... ¿qué digo rico? Un atrapalmejas, un empleado en una oficina, un mayordormo de casa grande, un cajerillo, un cualquiera que disfrute tal cual protección del amo o jefe principal, ya se maneja con el que lo va a ocupar por fuerza, con más orgullo y grosería que acaso el mismo en cuyo favor apoya su soberbia.
¡Infelices!, no saben que aquellos que sufren sus desaires son los primeros que abominan su inurbana conducta y maldicen sus altísimas personas en los cafés, calles y tertulias, sin descuidarse en indagar sus cunas y los modos acaso vergonzosos con que lograron entronizarse.
“Me he alargado, señores; mas ustedes bien reflexionarán que yo sé conciliar la gravedad conveniente a un amo, o sea el superior que fuere, con la afabilidad y el trato humano debido a todos los hombres; y usted, español, advertirá que unas son las leyes de la sociedad, y otras las preocupaciones de la soberbia; que por lo que toca al doble derecho que usted dijo que tienen los amos de los negros para mandarlos, no digo nada, porque creo que lo dijo por mero pasatiempo, pues no puede ignorar que no hay derecho divino ni humano que califique de justo el comerciar con la sangre de los hombres.”