El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Todavía ardía la vela que Frantz había dejado en el cuarto. Todo estaba en orden. En una hoja de papel de carta, puesta en un sitio bien visible, había dejado escritas estas palabras:
«Mi novia me abandonó, diciéndome que no podía ser mi mujer, que ella es una costurera y no una princesa. No sé qué será de mí. Me marcho. Ya no tengo ganas de vivir. Que Ivonne me perdone por no decirle adiós, pero nada podría hacer por mí…»