Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Por el momento parecen escasas las perspectivas de que ello ocurra. Cuando leo, empero, las últimas obras psicológicas (Mach: Analyse der Empfindungen, segunda edición; Kroell: Aufbau der Seele, etc.)[558], todas las cuales persiguen objetivos similares al de mi obra, y cuando compruebo qué pueden decirnos sobre los sueños me regocijo como el enano del cuento, «porque la princesita no lo sabe».
No tengo ningún caso nuevo, o más bien tengo uno; pero éste sólo ha venido a reemplazarme otro que había comenzado en mayo y que abandonó, de modo que estoy en el mismo nivel que antes. Pero el nuevo caso es interesante: una niña de trece años, a la que debo curar a todo vapor, y que por una vez me mostrará en superficie lo que en otras circunstancias debo forzarme por sacar a luz, levantando las capas que se le han superpuesto. Innecesario decirte que se trata otra vez de la misma cosa. Ya hablaremos de esta muchacha en agosto, a menos que me la saquen prematuramente. Pues en agosto me propongo verte sin falta, salvo que se defrauden mis esperanzas en las mil quinientas coronas que espero para el 1 de julio. O, más bien, iré a Berlín de todos modos y… me daré algún respiro, buscando nuevas energías para 1901 en las montañas o en Italia. El mal humor es tan poco productivo como el ahorro.