El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »Impregnaos de esta idea. Llenaos de este pensamiento. Tomad la porción que os parezca prudente de lo que ganáis, que no sea menos de la décima parte, y conservadla. Organizad vuestros gastos en consecuencia. Pero lo primero es guardar esa parte. Pronto conoceréis la agradable sensación de poseer un tesoro que sólo os pertenece a vosotros, que a medida que aumenta, os estimula. Un nuevo placer de vivir os animará. Si hacéis mayores esfuerzos, obtendréis más. Si vuestros beneficios crecen, aunque el porcentaje sea el mismo, vuestras ganancias serán mayores, ¿no?
»Cuando lleguéis a este punto, aprended a hacer trabajar vuestro oro para vosotros, hacedlo vuestro esclavo. Haced que los hijos de su esclavo y los hijos de sus hijos trabajen para vosotros.
»Aseguraos una renta para el futuro, mirad a los ancianos y no olvidéis que vosotros seréis uno de ellos. Invertid vuestro patrimonio con la mayor prudencia para no perderlo. Los intereses de los usureros son irresistibles cantos de sirena que atraen a los imprudentes hacia las rocas de la perdición y el remordimiento.
»Vigilad que vuestra familia no pase necesidad si los dioses os llaman a su reino. Para asegurarle esta protección, siempre se pueden ir desembolsando pequeñas cantidades a intervalos regulares. El hombre prudente no confÃa en recibir una gran suma de dinero si no lo ha visto antes.