Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Entonces es hambre —repuso Venters echándose a reÃr. Mas detúvose de pronto, asombrado, al darse cuenta del mucho tiempo que hacÃa que no habÃa reÃdo—. El hambre os da esa sensación —continuó—. Yo la he experimentado muchas veces. Ahora mismo la siento. Pero no podéis comer aún. En cambio, agua os daré tanta como queráis.
—¿No me moriré de… hambre?
—No; no es tan fácil morir de hambre. También lo sé por experiencia propia. Habéis de permanecer quieta, durmiendo mucho, durante bastantes dÃas.
—Mis manos… están sucias; tengo la cara ardiente y pegajosa; me duelen… los pies. —Era la primera vez que la joven hablaba tan seguido, y sus últimas palabras acabaron en un murmullo.
—Pues bien, yo soy una excelente enfermera —exclamó él.