Los Jinetes de la Pradera Roja

Los Jinetes de la Pradera Roja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Una vez oída la pregunta, no le pareció tan difícil de contestar como imaginara. Además, descubrió súbitamente que también había en realidad motivos desinteresados para desear verle. Y como se había mostrado atrevida para iniciar la conversación, decidió serlo también mostrándose franca y leal.

—Tengo mis motivos…, no necesito deciros más que uno —contestó—. Si es posible, quisiera cambiar vuestros sentimientos hacia los de mi religión. Daría cualquier cosa por lograrlo.

Después de esta confesión, Juana sintióse mejor y más libre. Deseaba demostrarle que existía por lo menos una persona mormona que no se asustaba de luchar a cartas vistas.

—¡Ya lo creo! —exclamó Lassiter, y se echó a reír.

—¿Vendréis? —preguntó sin desviar la mirada—. Jamás he solicitado eso de ningún hombre…, exceptuando, a Bern Venters.

—Creo, señora, que no corríais ningún riesgo, ni Venters tampoco. Mas tal vez el caso no sería el mismo tratándose de mí.

—¿Queréis decir que no os conviene que os vean aquí con frecuencia? ¿Teméis alguna emboscada?

En aquel instante la pequeña Fay se acercó a Lassiter:

—¿Tenes una nena? —preguntó.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker