Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja El hogar de Juana Withersteen se hallaba en un cÃrculo de álamos. Tratábase de un edificio de techo bajo, de forma alargada, construido parcialmente de piedra roja. En el centro habÃa un gran patio cubierto, en medio del cual corrÃa un arroyo de agua ambarina. Las pesadas piedras, las grandes vigas, las sólidas puertas y ventanas revelaban la mano de un hombre que levantó el edificio para que resistiera la acción del tiempo y los ataques de los hombres. Las flores y el musgo que guarnecÃan el arroyo de pétreo cauce, los vivos colores de las alfombras en el suelo del patio, un agradable rinconcito con una hamaca y un estante de libros, la limpia mesa cubierta con albo mantel, mostraban la mano de la hija, que deseaba vivir dichosa, sin preocuparse del porvenir.
Juana dejó el caballo suelto para que corriera por la densa hierba.
—Estoy segura de que queréis tenerlo cerca de vos —dijo—; de lo contrario, lo hubiera llevado al campo de alfalfa.
Llamó a sus criadas, que empezaron a ir de un lado a otro, arreglando la mesa. Juana, excusándose, entró en su casa.