Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Sé bastante, pero ya comprenderéis… Mis labios están sellados. Sin embargo, sin dar explicaciones ni excusas, estoy a vuestras órdenes. Soy mormón…, creo que soy un buen mormón…, pero hay cosas que… No, no; me es imposible decir más…, aunque me gustarÃa.
¿Queréis tomarme de nuevo a vuestro servicio?
—¡Blake! ¿Tú sabes lo que significa eso?
—No me importa. Me da náuseas… aquello… Quiero dar ejemplo de un mormón que sabe seros fiel.
—Pero, Blake, es que puedes sufrir luego terriblemente.
—Es posible. ¿No sufrÃs vos ahora?
—¡Bien lo sabe Dios!
—Señorita Withersteen, perdonadme la libertad…, os conozco y sé que jamás os doblegaréis. Yo, en vuestro lugar, harÃa lo mismo. Y… fuerza es decirlo…, me veo obligado a manifestaros… que aún ha de venir lo peor. Eso es todo lo que me atrevo a revelar. ¿Queréis admitirme ahora, permitirme que trabaje para vos, demostrar abiertamente mi decisión?