Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡No, no, no os vayáis! —exclamó Bess—. Lo de la carne de conejo… sólo ha sido una broma. ¡No me dejéis sola!
—Bess, un dÃa u otro tendré que irme.
—Esperad al menos que pase la época de las tormentas.
Las rojas nubes empezaron a oscurecer el sol poniente hasta cubrir por fin todo el llameante ocaso. El intenso silencio fue interrumpido por un trueno lejano.
—¡Oh! —exclamó Bess nerviosamente.
—Grandes nubes como ésas las hemos visto otras veces —dijo Venters—. Pero el trueno no deja lugar a dudas. La tormenta se acerca. Y me alegro. Todos los jinetes de la pradera habrán oÃdo el primer trueno con gran alegrÃa.
Venters y Bess terminaron su sencilla cena y se sentaron mirando al valle, hacia el Oeste, para esperar la inminente tormenta.