Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja La turbación del momento no se comunicó a Lassiter. Su comportamiento al estrechar la mano de Bess alivió a Venters y devolvió la tranquilidad a la muchacha. Después de las palabras de Venters y con una rápida mirada a Lassiter, calmóse su emoción y, aunque mostrábase tímida, no dio a entender que la situación podía tener algo de extraordinario.
—Quisiera quedarme un rato aquí —dijo Lassiter—, y si no os molesta, dadme de comer, porque tengo hambre. Me llevé unas galletas de Cottonwoods, pero ya se me han acabado. Venters, este lugar es lo más maravilloso que he visto. ¡Y aquellos peldaños en la roca!
¡Aquella garganta! Subir aquella garganta y penetrar en este valle es como atravesar el infierno para llegar al cielo. Hay una roca muy extraña al final del pasaje, pero no he tenido tiempo de entretenerme en examinarla. ¿Cómo habéis encontrado este lugar?
Mientras, Bess y Venters preparaban la comida, y durante ésta, Lassiter limitóse a escuchar lo que ellos decían; sólo de vez en cuando pronunciaba alguna palabra.