Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja La visita del jinete tuvo, además, un efecto inquietante para Bess, y Venters se imaginó que la joven abrigaba los mismos temores que el acerca de su seguridad.
Aquel dÃa no trabajaron más. Tristes y callados contemplaron la puesta del sol, el crepúsculo, al que siguió pronto la noche, iluminada tan sólo por las llamas de la hoguera, hasta que también éstas se apagaron. Venters no sabÃa explicarse exactamente la causa de la sutil metamorfosis que advertÃa a su alrededor y confió en que al dÃa siguiente quedarÃa desvanecida la duda y la intranquilidad.