Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja En el centro del pequeño llano vio a Camorra, cuya silueta aumentaba de dimensiones a la débil luz. Venters silbó suavemente y, acercándose poco a poco, le llamó. El caballo respondió con un resoplido y desapareció en la oscuridad. «Más salvaje que nunca», murmuró Venters, y siguió al caballo hasta el fondo de la mella; pero a causa de las tinieblas allí reinantes tuvo que desistir. Suponiendo que sería inútil querer cazar a Camorra durante la noche, el joven se encaminó hacia un saliente de la roca bajo el cual había escondido la silla y una manta y se tumbó a dormir.
Con la primera luz del nuevo día, se levantó y tan pronto como hubo claridad suficiente para distinguir todos los objetos, cogió el lazo y se fue a cazar el caballo. Lo descubrió cerca del bosque de la entrada y acercóse disimuladamente. Camorra pareció reconocerle, pero no quería estar quieto. Corrió hacia el pradillo que había en el fondo de la mella, lo que favoreció el deseo de Venters. Pudo acercarse unos veinte metros y, a esta distancia, el caballo echó nuevamente a correr hacia el bosque, para lo cual tuvo que pasar casi junto al joven, que le echó el lazo en el momento preciso. Tuvo Venters tiempo para afianzarse y resistir el choque, pero, a pesar de ello, el animal le hizo caer y lo arrastró varios metros antes de detenerse.