Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja ¡Oh, te amo como ningún hombre ha podido amar a una mujer! Quiero que sepas…, quiero que recuerdes siempre que por ti sostuve una lucha, aunque estaba ciego. CreÃ…, creÃ… No importa lo que creyera…, porque te querÃa y te habÃa rogado que fueses mi esposa. ¡Déjame ese consuelo! ¡Oh, Bess, me vi forzado a ello! ¡Y tan fácil como hubiera sido adivinarlo! Pero no podÃa dormir ni descansar hasta resolver este misterio. ¡Dios mÃo, qué cosas suceden en el mundo!
—Bern, no sigas, estás débil, tiemblas, deliras —gritó Bess—. Se agotan tus fuerzas. Nada tengo que perdonarte. No hay ningún misterio, excepto tu gran amor por mÃ. ¡Y has vuelto…!
Le abrazó tiernamente, reteniéndolo contra su palpitante pecho.