Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja La segunda misiva databa de dos años más tarde. Era de la Ciudad del Lago Salado. No decía más sino que había oído que su hermano la buscaba y rogaba a Frank que le hiciese desistir de continuar sus pesquisas, porque, de lo contrario, ella sufriría horriblemente. Terminaba diciendo que pronto saldría de la Ciudad del Lago Salado en compañía del hombre a quien ella había llegado a amar y que nunca más sabrían de ella.
Esa carta me demostró que en Milly se había operado un gran cambio. O había llegado realmente a querer a aquel hombre y su religión, o experimentaba tanto miedo que mentía. No logré descubrir dónde estaba la verdad, pero, naturalmente, mi intención era averiguarlo. Claro está que, si entonces hubiese conocido a los mormones como los conozco ahora, hubiera dejado a Milly entregada a su suerte, porque tal vez tenía razón al afirmar que sena ella quien sufriría a causa de mi persecución. Sin embargo…, era yo entonces muy joven e irreflexivo. Después de la lectura de las dos cartas me puse nuevamente en camino. Primero fui al pueblo aquel dónde ella dio a luz, me llevé al propietario de la cabaña y le hice cantar. No era mucho lo que sabía, pero… lo que me contó fue terrible. Aquella vez le dejé incapacitado para siempre Ése no volverá a prestarse a semejantes infamias. Después me dirigí al Estado de Utah.