Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¿Cómo es eso?
—Tull está ausente del pueblo y con él, la mayorÃa de sus jinetes. Créese que regresará antes de la noche. Será necesario que Lassiter se marche de aquà antes de que vuelvan, porque de lo contrario, le matarán. Y en cuanto a vos, señorita, también corréis peligro, porque cuando Tull se entere de lo que ha pasado no conocerá lÃmites su cólera.
—Me marcharé con Lassiter… Judkins, cuéntame todo lo que has visto…, todo lo que sepas acerca de lo sucedido.
Juana se dio cuenta, sin que el hecho la maravillase, de que la nueva que trajo Judkins de la muerte de Dyer, que significaba la temida catástrofe, habÃa completado el cambio que lentamente se operaba en ella, y de que ahora sentÃase otra mujer, serena, más fuerte que antes de que empezasen a caer sobre su vida las primeras sombras de la desgracia.
—Lo he visto todo, señorita Withersteen, y me complacerá podérselo contar si queréis tener un poco de paciencia conmigo —dijo Judkins con gravedad—. El asunto me interesaba mucho y, naturalmente, estoy muy agitado. Acaso diga muchas cosas que no sean esenciales ni necesarias, pero no puedo evitarlo. Veréis: