Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Gracias a Dios que se ha acabado esto! —exclamó Venters, aliviado—. Espero no ver más esa endemoniada roca. Desde el primer momento que la vi tuve la impresión de que me esperaba para derrumbarse. Ahora, si cayese, oirÃa el estruendo aunque estuviera a miles de millas de distancia.
Al columbrar desde arriba la suave pendiente que terminaba en la linde de los cedros deformes, serenóse por completo. Escrutó atentamente el panorama que tenÃa delante y vio que no habÃa peligro.
—Bess, ahora viene lo peor la pina bajada de los peldaños. Baja tú primero, guiando al burro. Ve despacio y sostente con la brida del animal si resbalas, porque le tengo atado con una cuerda cuyo extremo opuesto está sujeto a este saliente de la roca. Subir aquà contigo fue una tarea muy difÃcil, pero el descenso es sencillo.
Ambos animales bajaron por los peligrosos escalones trazados por los trogloditas, sin dar un paso en falso. El descenso por la rocosa pendiente hasta la hondonada sólo requerÃa cuidadosa atención, y Venters logró llevar a los burros al terreno liso en tales condiciones que se felicitó por el buen éxito de la primera parte del viaje.