Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —FÃjate, Bern, se han detenido en aquella loma. Nos os han visto.
—SÃ, pero aún estamos demasiado lejos para que puedan conocernos. Primero reconocerán los caballos. Hemos pasado ya casi todos los cerros y la parte más densa de la artemisa. Seguiremos al trote y, cuando te avise, pica espuelas y deja correr a Estrella Negra como sólo él sabe hacerlo.
Venters calculó que la distancia entre ellos y sus perseguidores era de una milla o tal vez más. Acercábanse a medio galope.
Pronto reconoció también Venters la montura blanca de Tull, por lo que supuso que los jinetes habÃan reconocido a la vez a Estrella Negra y a Africano. Sin embargo, no era posible todavÃa que advirtiesen que no los montaban Juana y Lassiter. Venters notó que Tull y los suyos, tal vez once o doce en total, detenÃanse con frecuencia y miraban, al parecer, hacia la parte de la ladera. La situación debió ser desconcertante para Tull, que no podÃa suponer que Juana y Lassiter tomasen el camino contrario. El joven sonrió al figurarse la cólera de Tull cuando descubriese el engaño. ProponÃase Venters desviarse del camino, entrando en la pradera, antes de que el mormón pudiera saber quiénes montaban los corceles negros.