Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Cuando Venters afirmó el pie en el estribo y con un rápido movimiento se colocó en la silla, el caballo se encabritó un instante, y en seguida echó a correr velozmente. Venters recordó entonces los alegres días en que, al frente de los jinetes de Juana Withersteen, penetraba raudo en la pradera. Camorra tiraba con fuerza de la rienda, que el joven llevaba corta, y se dirigió hacia el abrevadero, bajo los álamos. Allí el caballo comenzó a cabriolar y a tascar el bocado. Venters se apeó y se puso a llenar su cantimplora, mientras el animal abrevaba. Los perros Ring y Blanca llegaron corriendo para beber también. Al cabo de un rato, Venters montó de nuevo y dirigió el caballo hacia la pradera.
Un camino ancho y blanco bajaba en suave declive por la amplia vertiente, y una rápida mirada bastó a Venters para cerciorarse de que en toda la extensión de la pradera que abarcaba su vista no había ni hombres, ni caballos, ni ganado alguno, como no estuviese agazapado entre la artemisa. Ring corría a la vanguardia, y Blanca, detrás del caballo. Éste andaba a un trote regular y seguro, y Venters, pasado ya el agitado momento de la salida y teniendo delante muchas millas de camino llano, volvió a pensar con calma en la extraña coincidencia de los últimos acontecimientos.