Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —En fin, señor Quatermain, con los dÃas que pasaban iba aumentando mi ansiedad, y con ella la necesidad de saber si mi hermano vivÃa o habÃa muerto, y si vivÃa conseguir volverle a nuestro hogar. Comencé mis investigaciones, y la carta de usted ha sido consecuencia de ellas. Hasta hoy todo va satisfactoriamente, puesto que está probado que hace poco, Jorge existÃa; pero esos medios no bastaban a las exigencias de mis deseos, por lo que, queriendo abreviar, me resolvà a buscarlo personalmente, y el capitán Good ha tenido que acompañarme.
—¡Vaya una bondad! —exclamó el capitán— a no ser que hubiera preferido las vigilias de la media paga con que mis lores del Almirantazgo me han retirado del servicio. Y ahora, señor, espero que usted nos contará cuanto sepa o haya oÃdo del caballero Neville.