Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Soy, como creo haber dicho, en extremo prudente, o más bien tÃmido, asà no pude menos de temblar a esa idea. ParecÃame que emprender tal empresa era marchar ciegamente hacia la muerte, y, dejando a un lado otras consideraciones, tenÃa un hijo que sostener, lo que exigÃa evitara todo riesgo.
—No, sir Enrique, muchas gracias, no me conviene aceptar su proposición, pues además de ser ya duro para aventuras de esa especie, estoy seguro concluiremos lo mismo que mi pobre amigo Silvestre. Tengo un hijo, cuyo sostén me prohÃbe arriesgar la vida.
Tanto sir Enrique como el capitán Good parecieron muy contrariados.