Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Cuando Pierre Gringoire llegó a la plaza de Grève, estaba aterido. Había ido por el Pont-aux-Meuniers para evitar el gentío del Pont-au-Change y las banderolas de Jehan Fourbault; pero, al pasar, las ruedas de todos los molinos del obispo le habían salpicado y llevaba la ropa empapada. Tenía la sensación, además, de que el fracaso de su obra le hacía aún más friolero. Se apresuró, pues, a acercarse a la hoguera que ardía magníficamente en medio de la plaza. Pero una multitud considerable se agolpaba alrededor.