Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y, con toda la ingenuidad del mundo, la cogió por la cintura.

La blusa de la gitana se le escurrió entre las manos como la piel de una anguila. La muchacha dio un salto hasta el otro extremo del cuarto, se agachó y volvió a incorporarse con un puñalito en la mano antes de que Gringoire hubiera tenido siquiera tiempo de ver de dónde salía ese puñal, irritada y enfurecida, con los labios hinchados, las aletas de la nariz abiertas, las mejillas rojas como una manzana y las pupilas centelleantes. Al mismo tiempo, la cabrita blanca se colocó delante de ella y presentó a Gringoire un frente de batalla provisto de dos bonitos cuernos, dorados y muy puntiagudos. Todo eso sucedió en un abrir y cerrar de ojos.

La libélula se transformaba en avispa y estaba más que dispuesta a picar.

Nuestro filósofo se quedó desconcertado, sin hacer otra cosa que lanzar alternativamente a la cabra y a la muchacha miradas de estupor.

—¡Virgen santa! —exclamó por fin cuando la sorpresa le permitió hablar—. ¡Vaya par de fieras!

—¡Me parece que eres un bribón muy osado!

—Perdón, señorita —dijo Gringoire, sonriendo—, pero ¿por qué me habéis tomado entonces por marido?

—¡No iba a dejar que te colgaran!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker