Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Vive Dios! —exclamó el capitán—. No es manera de irse. Volved y bailadnos algo. Por cierto, encanto, ¿cómo os llamáis?
—Esmeralda —respondió la bailarina sin apartar la mirada de él.
Al oÃr este extraño nombre, las jóvenes rompieron a reÃr a carcajadas.
—¡Terrible nombre para una señorita! —exclamó Diane.
—Ya lo veis —dijo Amelotte—, es una hechicera.
—Querida —declaró solemnemente doña Aloïse—, vuestros padres no pescaron ese nombre en la pila bautismal.