Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Rayos y truenos! Apretemos el paso.
—¿Por qué, Phoebus?
—Tengo miedo de que la gitana me vea.
—¿Qué gitana?
—Esa joven de la cabra.
—¿Esmeralda?
—Exacto, Jehan. Siempre se me olvida ese endemoniado nombre. Démonos prisa. Me reconocerÃa, y no quiero que esa chica se me acerque en la calle.
—¿Es que la conocéis, Phoebus?
El arcediano vio entonces a Phoebus sonreÃr con picardÃa, inclinarse hacia el oÃdo de Jehan y decirle unas palabras en voz baja. Luego, Phoebus se echó a reÃr y meneó la cabeza con aire triunfal.
—¿De verdad? —preguntó Jehan.
—¡Por mi honor! —contestó Phoebus.
—¿Esta noche?
—Esta noche.
—¿Estáis seguro de que se presentará?
—Pero ¿estáis loco, Jehan? Esas cosas no se ponen en duda.
—¡Capitán Phoebus, sois un oficial afortunado!