Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Pero el gesto del capitán habÃa puesto al descubierto el misterioso amuleto que llevaba en el cuello.
—¿Qué es esto? —dijo Phoebus, aprovechando este pretexto para acercarse de nuevo a la bella criatura a la que acababa de asustar.
—¡No lo toquéis! —respondió ella con viveza—, es mi guardián. Él me permitirá encontrar a mi familia, si sigo siendo digna de ello. ¡Oh! ¡Dejadme, capitán! ¡Madre! ¡Pobre madre mÃa! ¡Madre!, ¿dónde estás? ¡Ayúdame! ¡Por favor, señor Phoebus, devolvedme la gola!
Phoebus retrocedió y dijo en un tono frÃo:
—¡Ah, señorita! ¡Cómo se nota que no me queréis!