Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Añadamos que Coppenole era del pueblo, y que aquel público que lo rodeaba era del pueblo también. Así pues, la comunicación se había establecido entre ellos de forma rápida, eléctrica y, por así decirlo, al mismo nivel. El altivo exabrupto del calcetero flamenco, al humillar a los cortesanos, había removido en todas las almas plebeyas cierto sentimiento de dignidad todavía vago e impreciso en el siglo XV. ¡Ese calcetero que acababa de plantarle cara al señor cardenal era un igual!, reflexión asaz dulce para unos pobres diablos que estaban acostumbrados a guardar respeto y obediencia a los lacayos de los alguaciles del baile del abad de Santa Genoveva, caudatario del cardenal.