Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¿De salud? —repuso Gringoire—. Hummm…, habrÃa muchas cosas que decir, pero en conjunto bien. No abuso de nada. Ya sabéis, maestro, el secreto para encontrarse bien según Hipócrates, id est cibi, potus, somni, Venus, omnia moderata sint.[127]
—¿No tenéis, entonces, ninguna preocupación, maese Pierre? —prosiguió el arcediano, mirando fijamente a Gringoire.
—¡A fe mÃa, no!
—¿Y qué hacéis ahora?
—Pues ya lo veis, maestro. Examino la talla de estas piedras y cómo está trabajado este bajorrelieve.
El sacerdote sonrió, con una de esas sonrisas amargas en las que solo se levanta una de las comisuras de la boca.
—¿Y eso os divierte?