Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Clopin Trouillefou, al llegar ante la alta puerta de Notre-Dame, había organizado a su tropa, efectivamente, en posición de batalla. Aunque no esperaba ninguna resistencia, quería, como un general prudente, conservar un orden que le permitiera hacer frente, en caso necesario, a un ataque súbito de la guardia o de los doscientos veinte. Así pues, había escalonado a su brigada de tal manera que, vista desde arriba y desde lejos, parecía el triángulo romano de la batalla de Ecnomo, la cabeza de cerdo de Alejandro o la famosa cuña de Gustavo Adolfo. La base de este triángulo se apoyaba al fondo de la plaza, de tal forma que cerraba la calle del Atrio; uno de los lados miraba hacia el Hôtel-Dieu, y el otro hacia la calle Saint-Pierre-aux-Boeufs. Clopin-Trouillefou se había situado en la cúspide, con el duque de Egipto, nuestro amigo Jehan y los convulsos más intrépidos.