Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Desnuda ha quedado
la ciudad de Cambrai.
Marafin la ha saqueado…
No la terminó. Vieron de pie en el pretil de la galerÃa a Quasimodo, quien con una sola mano sujetaba al estudiante por los pies, haciéndolo girar sobre el abismo como una honda. Después oyeron un ruido como el de una caja craneal estampándose contra una pared y vieron caer algo que se detuvo a un tercio de la caÃda en un saliente del edificio. Era un cuerpo muerto lo que quedó enganchado allÃ, doblado en dos, con la espalda partida y la cabeza rota.
Un grito de horror se elevó entre los truhanes.
—¡Venganza! —gritó Clopin.
—¡A saco! —respondió la multitud—. ¡Al ataque! ¡Al ataque!