El hombre mediocre
El hombre mediocre Pero la premisa es falsa. Si se cuentan desequilibrios de los genios y no de los papanatas, no es porque éstos sean faros de virtud, sino por una razón muy sencilla: la historia solamente se ocupa de los primeros ignorando a los segundos. Por un poeta alcoholista hay diez millonesa de lechuguinos que beben como él; por un filósofo uxorcida hay cien mil uxoricidas que no son filósofos; por un sabio experimentador, cruel con un perro o una rana, hay una incontable cohorte de cazadores que le aventajan en impiedad. ¿Y qué dirá la historia? Hubo un poeta alcoholista, un filósofo uxoricida y un sabio cruel; los millones de anónimos no tienen biografía. Moreau de Tours equivocó el rumbo; Lombroso se extravió; Nordau hizo de la cuestión una simple polémica literaria. No comulguemos con ruedas de molino; la premisa es falsa. Los que hemos visitado cien cárceles podemos asegurar que había en ellas cincuenta mil hombres de inteligencia inferior, junto a cinco o veinte hombres de talento. No hemos visto un solo hombre de genio.