MarÃa
MarÃa —¿Cómo puedes preocuparte tanto con una casualidad?
—Lo que soñé esa noche es lo que me preocupa.
—¿Persistes en no contarme?
—Hoy no; algún dÃa. Conversemos un rato con Emma antes de irte: es tan buena con nosotros…
A la media hora nos separamos prometiéndonos madrugar mucho para emprender nuestro viaje a la parroquia.
Antes de las cinco llamó Juan Angel a mi puerta. Felipe y él hicieron tal ruido en el corredor previniendo arreos de montar y asegurando caballos, que antes de lo que esperaban acudà en su ayuda.
Preparado todo, abrió MarÃa la puerta del salón: presentándome una taza de café, de dos que llevaba Estéfana, me dio los buenos dÃas, y llamó en seguida a Felipe para que recibiese la otra.
—Hoy sà —dijo éste sonriendo maliciosamente—. Lo que es el miedo; y el Retinto está furioso.