De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Podrás pensar: «¿Cómo voy a amar al borracho, al hipócrita, al traidor, al asesino? Me siento obligado a condenar y a censurar a seres así». Es verdad que no puedes amar a estos individuos a nivel emocional, pero si crees que debes condenarlos y rechazarlos, lo que estás demostrando es que no conoces el Gran Amor que todo lo regula, ya que es posible alcanzar un estado de iluminación interior que te permita percibir el conjunto de causas por las que estos hombres son así, que te permita entrar en tus intensos sufrimientos y conocer la certeza de tu máxima purificación. Si posees este conocimiento, te será imposible seguir teniéndoles aversión o condenarlos, y podrás pensar en ellos con una tranquilidad perfecta y una profunda compasión.
Si amas a las personas y hablas de ellas con admiración hasta que, de alguna manera, te fallan o hacen algo que tú desapruebas y, entonces, empiezas a reprobarlas y a hablar de ellas con desprecio, es que no te riges por el Amor de Dios. Si, en tu corazón, juzgas y condenas a los demás en todo momento, todavía no has encontrado el Amor desinteresado.
Quien conoce este Amor se encuentra en el centro de todo y quien ha comprendido todo su poder no tiene espacio en su corazón para la condena.