De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Eso es lo que sucede con los que abusan del alcohol y con las personas que viven relaciones promiscuas, en su obsesión por las emociones sensuales. O en el caso del esteta exclusivista que prefiere no saber de los problemas del mundo, rodeándose de lujos. También es el caso de aquellas personas que ansían la fama y la fortuna, sometiéndose a lo que sea con tal de lograr su objetivo, y de los que buscan consuelo en la representación de ritos religiosos.
Y, como un suave murmullo, la tan buscada felicidad parece llegarnos a todos y, por algún tiempo, el alma es arrullada en una dulce seguridad y en un olvido de la existencia del mal embriagador. Pero, un día, se presenta una enfermedad o una gran pena, una provocación o un infortunio que, de pronto, irrumpen en el alma desprotegida y la estructura de la imaginaria felicidad se rompe en mil pedazos.
De modo que sobre cada particular alegría pende la espada de Damocles del dolor, preparada para caer en cualquier momento y destrozar el alma de aquel que no cuente con la protección del conocimiento.
Los niños desean convertirse en mayores y los adultos suspiran por la felicidad perdida de la infancia. El pobre sufre debido a las cadenas que le impone la pobreza, y el rico vive con el miedo constante de ser pobre o recorre el mundo en busca de la sombra fugaz que él llama felicidad.