El Americano
El Americano —Me parece sumamente probable. Esa gente es muy capaz de algo semejante.
—Es como algo que ocurriese en una obra de teatro —dijo Newman—; esa casa vieja y oscura tiene todo el aspecto de que en ella se han hecho cosas terribles, y de que podrÃan volver a hacerse de nuevo.
—Tienen una casa vieja aún más oscura en el campo, me ha dicho madame de Cintré, y ahÃ, durante el verano, es donde probablemente se haya tramado esta confabulación.
—¡Repare en eso: donde probablemente se haya tramado! —dijo Tristram.
—Al fin y al cabo —sugirió Newman tras un silencio—, quizá sea otro el motivo de sus penas.
—Si es por otra cosa, entonces es por algo peor —dijo la señora Tristram con elocuente decisión.
Newman permaneció un rato en silencio. ParecÃa sumido en reflexiones.
—¿Es posible —preguntó al fin— que aquà hagan ese tipo de cosas? ¿Que obliguen a mujeres indefensas a casarse con hombres a los que odian?
—Por todo el mundo hay mujeres indefensas que lo pasan mal —dijo la señora Tristram—. Hay mucha intimidación en todas partes.