El Americano
El Americano Newman permaneció un instante en su sitio y luego se acercó a madame de Cintré, que elevó la mirada hacia él como si estuviese pensando en algo que decir. Pero pareció que no se le ocurrÃa nada, asà que se limitó a sonreÃr. Newman se sentó a su lado y ella le ofreció una taza de té. Estuvieron hablando del té un rato, durante el cual él la estuvo mirando. Recordaba lo que le habÃa dicho la señora Tristram acerca de su «perfección», y de que poseÃa, en conjunto, todas las cosas espléndidas que Newman soñaba con encontrar. Esto le llevó a observarla no sólo sin desconfianza, sino sin conjeturas inquietantes; desde el primer momento, la presunción habÃa sido a su favor. Y aun sÃ, aunque era hermosa, no era una belleza deslumbrante. Era alta y de formas alargadas; su cabello era denso y rubio, tenÃa la frente ancha y habÃa en sus rasgos una especie de irregularidad armónica. Sus claros ojos grises eran extraordinariamente expresivos; a la vez afables e inteligentes, a Newman le gustaron muchÃsimo, pero carecÃan de esos matices de esplendor —esos rayos multicolor— que iluminan el semblante de las bellezas famosas. Madame de Cintré era bastante delgada, y parecÃa más joven de lo que probablemente era. En toda su persona habÃa algo a la vez juvenil y apagado, frugal y aun asà pródigo, sereno y no obstante tÃmido; una mezcla de inmadurez y sosiego, de inocencia y dignidad. ¿A qué se habrÃa referido Tristram, se preguntó Newman, cuando dijo de ella que era orgullosa? Ahora, con él, no era en absoluto orgullosa; y en caso de serlo era inútil, porque a él le pasaba desapercibido; tendrÃa que apuntar más alto si esperaba que se diese cuenta. Era una hermosa mujer, y resultaba muy fácil llevarse bien con ella. ¿Era una condesa, una marquise, una suerte de formación histórica? Newman, que apenas habÃa oÃdo usar estas palabras, nunca se habÃa tomado la molestia de adherirles imágenes concretas, pero ahora se le ocurrieron y parecÃan cargadas de una especie de sentido melodioso. Significaban algo bello y delicadamente espléndido, de aires tranquilos y amena conversación.