El Americano
El Americano —No, eso está demostrado. Lo que está por ver es qué va a salir de ahÃ. Que usted le fuese a proponer que se casen, sin más, nunca se le podrÃa haber pasado por la cabeza. Apenas se puede hacer idea de lo que se le vino a la cabeza mientras usted hablaba; si en efecto llega a casarse con usted, el lance vendrá caracterizado por la justicia habitual que todos los asuntos humanos hacen a las mujeres. Usted creerá que se hace una idea amplia de ella; pero ni siquiera llegará a atisbar el extraño mar de sentimientos que habrá atravesado antes de aceptarle. El otro dÃa, allà quieta frente a usted, se zambulló en él. Se dijo «¿Por qué no?» a algo que, unas horas antes, habÃa sido inconcebible. Giró en torno al eje de mil prejuicios adquiridos y tradiciones y miró a donde nunca habÃa mirado hasta entonces. Cuando lo pienso… cuando pienso en Claire de Cintré y en todo lo que representa, me parece que hay algo muy hermoso en todo esto. Cuando le recomendé que probase suerte con ella tenÃa, por supuesto, buena opinión de usted, y a pesar de sus pecados la sigo teniendo. Pero confieso que no llego a ver del todo qué es, ni qué es lo que ha hecho para conseguir que una mujer como ella haga una cosa asà por usted.