El Americano
El Americano —¡Ah, hay algo muy hermoso en todo esto! —se rio Newman, repitiendo sus palabras. Le producÃa una satisfacción inmensa oÃr que habÃa algo hermoso en el asunto. Él, por su parte, carecÃa de la menor duda al respecto, pero ya habÃa empezado a valorar la admiración del mundo por madame de Cintré como algo que aumentaba la probable gloria de la posesión.
Fue justo tras esta conversación cuando Valentin de Bellegarde fue a acompañar a su amigo a la Rue de l’Université con el objeto de presentarlo a los demás miembros de su familia.
—Ya ha entrado en la familia —dijo—, y se ha empezado a hablar de usted. Mi hermana le ha mencionado a mi madre sus sucesivas visitas, y ha sido una casualidad que mi madre no estuviese presente en ninguna. Yo he hablado de usted como de un americano de inmensa fortuna, además de como del mejor tipo del mundo, que va en busca de algo muy superior en lo que a una esposa se refiere.
—¿Cree usted —preguntó Newman— que madame de Cintré le ha contado a su madre la última conversación que tuve con ella?