El Americano
El Americano Madame de Bellegarde le miró con sus fríos y finos ojos, y él le devolvió la mirada a la vez que reflexionaba que era una posible adversaria y se intentaba formar un juicio acerca de ella. Sus ojos permanecieron unos instantes en contacto. Entonces madame de Bellegarde desvió la mirada y, sin sonreír, dijo:
—También yo soy muy ambiciosa.