El Americano
El Americano —Venga entonces y tráigame el cuadro; le pagaré y hablaremos de él. ¡Ése sà que será un tema alegre!
Mademoiselle Noémie habÃa recogido sus bártulos y confió la preciada Madonna al cuidado de su padre, que se retiró caminando de espaldas hasta perderse de vista, sosteniéndola con el brazo extendido y reiterando sus respetos. La joven se arropó con el chal como una perfecta parisina, y con la sonrisa de una parisina se despidió de su mecenas.