El Americano
El Americano —¿Etnólogo? —dijo Newman—. Ah, colecciona usted calaveras de negros y ese tipo de cosas.
El marqués miró fijamente a su hermano y se empezó a acariciar el otro lado del bigote. Después se volvió hacia Newman y le preguntó con una cortesÃa sostenida:
—¿Viaja usted por placer?
—Bueno, estoy trafagando para coger algo de aquà y algo de allá. Por supuesto, me es muy placentero.
—¿Qué le interesa especialmente? —preguntó el marqués.
—Bueno, me interesa todo —dijo Newman—. No soy pejiguero. Las manufacturas son lo que más me gusta.
—¿Ha sido ésa su especialidad?
—No puedo decir que haya tenido ninguna especialidad. Mi especialidad ha sido hacer la mayor fortuna posible en el menor tiempo posible.
Newman hizo este último comentario con toda intención; querÃa dejar la vÃa libre, en caso de que fuese necesario, para un informe terminante de sus recursos.
Monsieur de Bellegarde se rio con agrado.
—Espero que haya tenido éxito —dijo.
—SÃ, he hecho fortuna en un tiempo razonable. No soy tan viejo, ¿sabe?