El Americano
El Americano —Una joven.
—Bueno —dijo Valentin—, por su bien le deseo de todo corazón que no se haya vestido de tul gris y que sus pies no sean demasiado extravagantes.
—No sé gran cosa sobre sus pies, pero sus manos son muy bonitas.
Valentin soltó un suspiro.
—¿Y con esta garantÃa debo separarme de usted?
—No estoy seguro de que vaya a encontrar a mi joven dama —dijo Newman—, y ante un riesgo asà no estoy dispuesto a perderme su compañÃa. No me parece especialmente deseable presentársela, y sin embargo me gustarÃa bastante saber qué opinión le merece.
—¿Es bonita?
—Supongo que se lo parecerá.
Bellegarde cogió del brazo a su compañero.
—¡DirÃjame hacia ella al instante! Me avergonzarÃa que una mujer bonita tuviese que esperar mi veredicto.