El Americano
El Americano —Bueno, pues entonces dejará de hacerlo cuando… cuando…
—Supongo que no querrá decir que cuando haya visto su residencia.
—Cuando haya visto ParÃs, amigo mÃo. AquÃ, lo que uno desea es ser el único dueño de sà mismo.
—Llevo siendo mi propio dueño toda mi vida y ya estoy harto.
—Bueno, pruebe con ParÃs. ¿Qué edad tiene?
—Treinta y seis.
—C’est le bel âge, como dicen aquÃ.
—¿Qué significa?
—Significa que un hombre no debe apartar su plato hasta que no se ha hartado.
—¿Todo eso? Acabo de llegar a un acuerdo para recibir lecciones de francés.
—Bah, no necesita usted lecciones. Lo irá aprendiendo. Yo nunca recibÃ.
—Supongo que hablará francés tan bien como el inglés.
—¡Mejor! —dijo el señor Tristram rotundamente—. Es un idioma espléndido. Se puede decir todo tipo de agudezas.
—Pero supongo —siguió Christopher Newman con un sincero deseo de informarse— que para eso habrá que ser agudo.
—En absoluto; ésa es precisamente su belleza.