El Americano
El Americano —Bueno, pues ahora voy a cambiar —dijo Newman—. No quiero decir que no vaya a ser delicado, pero voy a volver a donde empecĂ©. Estoy allĂ de nuevo. He recorrido el cĂrculo completo. O, más bien, nunca he salido de ahĂ. Nunca he dejado de querer lo que querĂa entonces. SĂłlo que ahora estoy más seguro de ello, si cabe; estoy más seguro de mĂ mismo, y más seguro de usted. La conozco mejor, aunque nada sĂ© ahora que no creyese hace tres meses. Usted es todo (va más allá de todo) lo que yo pueda imaginar o desear. Ahora me conoce; debe conocerme. No dirĂ© que ha visto lo mejor… pero ha visto lo peor. Espero que durante todo este tiempo haya estado pensando. Se ha tenido que dar cuenta de que sĂłlo estaba esperando; no suponga que estaba cambiando de idea. ÂżQuĂ© me va a decir ahora? Diga que todo es claro y razonable, y que he sido muy paciente y considerado y que me merezco mi recompensa. Y despuĂ©s, concĂ©dame su mano. Madame de CintrĂ©, hágalo. Hágalo.
—SabĂa que sĂłlo estaba esperando —dijo ella—; y estaba segura de que llegarĂa este dĂa. He pensado mucho en ello. Al principio tenĂa algo de miedo. Pero ahora no.
Se detuvo un momento y añadió:
—Es un alivio.