El Americano
El Americano —Mejor para todos.
—Mejor para usted, quizá. Ya sabe que se viene a vivir con nosotros —dijo Newman.
—Le estoy inmensamente agradecida, señor, pero no era en mà en quien estaba pensando. Sólo querÃa, si me permite la libertad, recomendarle que no pierda nada de tiempo.
—¿A quién teme?
La señora Bread miró escalera arriba y escalera abajo y después a la ninfa polvorienta, como si pudiese tener oÃdos sensibles.
—Temo a todo el mundo —dijo.
—¡Vaya disposición más incomoda! —dijo Newman—. ¿Acaso «todo el mundo» quiere impedir mi matrimonio?
—Me temo que ya he dicho demasiado —replicó la señora Bread—. No lo voy a retirar, pero no diré más.
Y, emprendiendo el ascenso, le llevó hasta el salón de madame de Cintré.