El Americano
El Americano —No —dijo ella un momento después—; no les gusta.
—Y bien, ¿a usted le importa? —preguntó Newman.
—¡SÃ! —dijo ella tras otro intervalo.
—Es un error.
—No puedo evitarlo. PreferirÃa que mi madre estuviese contenta.
—¿Por qué diablos —preguntó Newman— no está contenta? Le dio permiso para casarse conmigo.
—Es cierto; no lo entiendo. Y sin embargo, «me importa», como dice usted. Dirá usted que es algo supersticioso.
—Eso dependerá de hasta qué punto deje que esto la preocupe. Y en ese caso diré que es una lata tremenda.
—No diré nada —respondió madame de Cintré—. No le molestará.
Pasaron a hablar del dÃa de la boda, y madame de Cintré asintió sin reservas al deseo de Newman de fijarlo para una fecha temprana.