El Americano
El Americano —En todo caso, es algo que le ha enfurecido.
Su padre habÃa apoyado los dos codos sobre la mesa; se sostenÃa la cabeza, inclinada hacia adelante, con las manos, y con sus delgados dedos blancos se oprimÃa las orejas. Con esta postura, tenÃa la vista clavada en el fondo de su vaso vacÃo, y Newman supuso que no estaba escuchando. Mademoiselle Noémie se abotonó la chaqueta adornada en piel y, apartando su silla, echó una ojeada plenamente consciente de su caro aspecto, primero hacia abajo, a sus volantes, y después hacia arriba, a Newman.
—Más le valdrÃa haber seguido siendo una muchacha honesta —dijo éste con serenidad.
Monsieur Nioche seguÃa sin apartar la vista del fondo del vaso, y su hija se levantó sin abandonar su audaz sonrisa.