El Americano
El Americano —¡Que me aspen si fuese yo a querer que una pequeña aventurera codiciosa como ésta supiese que me tomo tantas molestias por ella! —dijo Newman.
—Una mujer bonita siempre merece las molestias de uno —objetó Valentin—. Mademoiselle Nioche está en su derecho de sentirse halagada por mi curiosidad, y de saber que me halaga que a ella la halague. No la halaga tanto, por cierto.
—HarÃa usted bien en ir a decÃrselo —replicó Newman—. Me dio para usted un mensaje que apuntaba en ese mismo sentido.