El Americano
El Americano Valentin cambió de tema, pero a los cinco minutos Newman observó que, con una transición descarada, habÃa retomado a mademoiselle Nioche y estaba retratando sus modales y citando muestras de sus mots. Eran muy ocurrentes, y, para una joven que seis meses antes habÃa estado pintando las más torpes madonnas, eran asombrosamente cÃnicas. Pero al fin, de súbito, se detuvo, se tornó pensativo y durante un rato no dijo nada. Cuando se levantó para marcharse, saltaba a la vista que sus pensamientos seguÃan girando en torno a mademoiselle Nioche.
—¡SÃ, es un terrible monstruillo! —dijo.